El Proceso Adictivo
Del libro de Sexolicos Anónimos pág. 35
De nuevo, nuestras experiencias de recuperación muestran aspectos del proceso adictivo que se dan en otras adicciones. En la etapa inicial embrionaria sentíamos un deseo incontrolable— ¿o más bien una exigencia?—de acciones, interacciones a fantasías que nos proporcionaran un estado de embriaguez, algo que nos hiciera olvidar nuestra realidad personal. Como producían alivio y placer, 'las buscábamos a menudo y de forma compulsiva. A l principio eran una forma agradable de enfrentamos a ese conflicto, tensión o dolor que nos parecía intolerable. Y daba resultado. Normalmente, las relaciones sexuales con nosotros mismos o con otros disparan el ciclo y al igual que en el caso de otras adicciones, alivian la tensión, resuelven los conflictos y proporcionan medios para enfrentamos a una situación difícil o hacer algo que antes nos hubiera parecido imposible. Cualquiera que sea la forma que adopta el sexolismo, tiene el efecto aparente de reducir el aislamiento, de aliviar la apatía, la soledad y la tensión, y de proporcionamos energía o de facilitamos una vía de escape.
Esta amistad recién adquirida no sólo reduce de forma aparente nuestro conflicto interior, el aburrimiento y las emociones negativas, sino que también nos proporciona sentimientos de fusión, de validación personal y una falsa sensación de vitalidad. De hecho, todos estos efectos son aparentes, o en el mejor de los casos, sólo pasajeros. Lo que creemos que nos va a dar vida, lo que en realidad hace es arrebatárnosla.
Es casi imposible indicar con exactitud cuándo, cómo o por qué nuestras actividades llegan a convertirse en adictivas. Finalmente, el proceso adquiere vida propia, a menudo sin relación con los motivos originales. Y a diferencia de las formas normales de comportarse en la vida, nuestro pensamiento y conducta adictivos se convierten en desproporcionados y repetitivos, y los forzamos a que sirvan a fines contrarios a su naturaleza y funciones.
Con el paso del tiempo, la sensación de placer comienza a disminuir y sentimos menos alivio. Estos comportamientos comienzan a producir dolor y, cuando éste supera al placer, empiezan a aparecer síntomas típicos de resaca como la tensión, la depresión, la ira, la culpabilidad e incluso el malestar físico. Para aliviar este dolor recurrimos de nuevo a nuestra conducta. Debido a que utilizamos constantemente estas conductas adictivas para conseguir el alivio inmediato, nuestro control emocional disminuye. Los comportamientos compulsivos y los cambios repentinos de humor se apoderan de nosotros sin que a menudo lo percibamos. Y nuestras relaciones sociales e íntimas se deterioran.
Algunas personas que acuden a SA se encuentran al parecer en esta fase de transición entre el placer y el dolor. En consecuencia, pierden la sobriedad o desaparecen con cierta frecuencia, y se sienten desorientados al no comprender el por qué de sus fracasos.
Con el paso del tiempo esta conducta destruye nuestra capacidad de vivir día a día. Los patrones adictivos reducen nuestro grado de conciencia y nos marginan de la vida social normal. Nos vemos forzados a dedicar más tiempo a pensar en nuestra adicción y a practicarla. A l mismo tiempo, nos negamos a aceptar nuestra condición de adictos para así evitar el sufrimiento de tener que reconocer hasta qué punto la adicción nos domina y controla. Los efectos secundarios perjudiciales que produce en nuestro interior se vuelven cada vez mas peligrosos.
El mentirnos a nosotros mismos se convierte en parte integrante de nuestro ser. Al negarnos a escuchar la débil y serena voz de nuestra conciencia intentamos ignorar el daño que nos estamos causando. Para que esta falacia se mantenga, el autoengaño debe pervertir nuestra realidad y la de los demás, y cegamos. En esta fase final ni queremos ni podemos aceptar la verdad sobre nosotros mismos.
Finalmente, la adicción se convierte en lo más importante; y nuestra capacidad de trabajo, de vivir en el mundo real y de relacionamos de forma natural con los demás, se deteriora como consecuencia. En un estadio más avanzado, los comportamientos y supervivencia, y en nuestra única fuente de placer. Más tarde, ni siquiera pueden ayudamos a sobrevivir, y comienzan a crear nuevos problemas a los que habremos de enfrentamos. En este círculo vicioso, lo que se utilizaba para curar se convierte en la enfermedad; lo que se usaba de medicina se transforma en el veneno, y la Solución se convierte en el Problema.
SEPTIEMBRE 27
Respuestas desde el corazón
En un hombre honesto, siempre existe algo de niño.
Marcial
¿A que se debe que cuando hablamos sobre algún problema no nos sentimos mejor? Usualmente, es una señal de que es mejor seguir hablando. Mientras hablamos de lo que nos molesta, es posible que estemos dejando a un lado información importante. O bien no podamos saber como nos sentimos -las palabras están allí, pero solo en un nivel racional, inteligente. El dolor, la tristeza, el odio, la alegría o el resentimiento es lo que falta sentir. Quizás no seamos capaces de admitir nuestros sentimientos inclusive a nosotros mismos. Esta puede ser la parte más difícil de resolver un problema, incluso más difícil que el ser honesto con otras personas.
El estar suficientemente cómodo con nuestros sentimientos para siempre saber como nos sentimos, es un proceso de por vida y el que nos siempre es perfecto. Sin embargo sabemos que mientras mas honestos seamos con nosotros mismos, seremos mejor aceptados. Es un regalo que podemos darnos a nosotros mismos cada día.
El día de hoy permitiré que mis sentimientos me guíen a ser mas honesto. No guardare más secretos para mi y los demás.
NO PIDAS A DIOS QUE GUÍE TUS PASOS, SI NO TIENES LA INTENCIÓN DE MOVER TUS PIES...